¿Cómo se hace un héroe? (II)

Heroes

Cada uno de los seres humanos es un profundo secreto para los demás”.

C. DICKENS en Historia de dos ciudades

 

Una revelación importante que ha surgido de las investigaciones sobre el heroísmo es que las mismas situaciones que inflaman la imaginación hostil en algunas personas, haciéndolas villanas, pueden también encender la imaginación heroica en otras personas, inspirándolas a realizar hazañas heroicas.

Orellana y Sepúlveda hacen una reconceptualización del heroísmo a través de los estudios de Zimbardo y cols. y… “han definido el heroísmo como una actividad que está compuesta de varias partes y han postulado que todos tenemos un héroe interior. Si existe un gen del heroísmo, ¿cómo encontrarlo?.

Recojo aquí algunos de los aportes conceptuales de estos estudios:

“El primero es la identificación de cuatro dimensiones en la persona heroica, que a su vez les ha permitido construir varias clasificaciones: marcial, civil, social [Buenos Samaritanos, figuras político-religiosas, “whistleblowers”]  y quienes retan a la burocracia.

La primera, la marcial o militar, es la idea tradicional del héroe de guerra que se hace eco en otros contextos en los que también se arriesga rutinariamente el bienestar físico y la vida, bajo un código de conducta, como los policías, bomberos y paramédicos.

El heroísmo civil es similar, porque implica riesgo físico aunque no hay código de conducta ni entrenamiento para lidiar con la situación (por ej., el transeúnte que realiza un rescate de emergencia).

Tanto el heroísmo marcial como el civil son heroísmos arquetípicos. Y, según Rankin y Eagly (2008), cabe destacar que este arquetipo es más fácilmente atribuible a hombres que a mujeres.

El tercer tipo, el heroísmo social, es típicamente menos dramático y tiene que ver con el riesgo y sacrificio personal en otras dimensiones de la vida, incluyendo consecuencias financieras, pérdidas del estatus social, posibles problemas de salud a largo plazo, y ostracismo.

el quijoteAl concebirlo como un atributo universal y no como una característica de figuras sobrehumanas, el heroísmo se convierte en algo que se encuentra en el ámbito de posibilidades de cualquier persona. Los héroes, por tanto, son personas corrientes -gente que se encuentra en las circunstancias correctas y a quienes se les han dado los medios necesarios para transformar la compasión en acción heroica-, gente de tamaño normal, que se convierten en gigantes porque han decidido transformar las quejas en desafíos.”

Cuando investigamos por qué la gente se vuelve heroica, las investigaciones todavía no tienen respuesta: Puede ser porque los héroes tengan más compasión o empatía; tal vez porque haya un gen del heroísmo; o tal vez tienen más oxitocina, como investigó el neuroeconomista Paul Zak. No sabemos nada con seguridad.

McAdams y Pals (2006), argumentan que la cultura tiene un impacto considerable en las adaptaciones características, y dado que el heroísmo depende mucho de estas adaptaciones, la cultura también jugará un papel crucial. La vida diaria crea los contextos más inmediatos y próximos en el que las vidas de los individuos encuentran sus diseños característicos.

También en el heroísmo las redes juegan a favor: los héroes son más efectivos cuando trabajan con otros en una red de cómplices y recursos, que apoyan el impulso heroico (redes de ayuda a los judíos perseguidos por los nazis).

En las investigaciones del equipo de Zimbardo, con entrevistas a más de 4.000 norteamericanos de todas partes de los EEUU, y con variables controladas de demografía, educación y estatus socioeconómico, se llegaron a algunas conclusiones:

  • Los héroes nos rodean
  • La oportunidad importa
  • La educación importa
  • El voluntariado importa
  • El género importa
  • La raza importa
  • La historia personal importa.

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Entonces, ¿que se necesita para ser un héroe?  ¿Cómo se hace un héroe?  Zimbardo y su equipo está empezando a explorar cómo fomentar la imaginación heroica en los niños y los adolescentes. Puede verse en su web,  http://heroicimagination.org/ .

Aún no se sabe con certeza qué caracteriza el paso final hacia la acción heroica, pero se teoriza que un factor importante para estimularlo es promover la “imaginación heroica” y para ello se requiere:

  • evaluar consciente, cuidadosa y críticamente cada situación para no dejar pasar una emergencia que requiere acción;
  • desarrollar el “detector de discontinuidad”, una conciencia de que hay cosas que no calzan, que están fuera de lugar, que no tienen sentido en un contexto;
  • no temerle al conflicto interpersonal, desarrollar la dureza personal necesaria para mantenerse firme en los principios que sostenemos;
  • y, finalmente, tratar de trascender las consecuencias negativas anticipadas, confiando en que si el proceso es justo, otros reconocerán el valor de esas acciones heroicas.

Se conoce como el viaje del héroe a esa serie de cambios que atraviesan quienes se embarcan en una aventura más allá de los límites de su imaginación. Este patrón narrativo describe la transformación que convierte a un ser aparentemente normal en un héroe.

En dicho relato, los términos conmover y seducir adquieren la mayor relevancia y su influencia es diferente de los términos altruismo y compasión, que no producirían situaciones heroicas.

Hemos pasado de la era de la información a la era de las historias y en el discurso organizacional actual, el término predominante es gestión del talento, por lo que toca preguntarse, ¿cómo utiliza su talento el héroe?.

Pero también hemos visto que el contexto cuenta mucho en el heroísmo; y el otro término que está empezando a cobrar preponderancia en nuestro contexto es el de excedente cognitivo. La idea es muy sencilla: las nuevas tecnologías junto con el creciente tiempo libre de las personas (tiempo libre muchas veces gastado pasivamente ante la televisión) permiten que todos podamos utilizar ese tiempo libre colectivamente para poder hacer cosas que serían imposibles a nivel individual. Se consiguen unas economías de escala nunca antes imaginadas (ejemplo, los fenómenos wiki).

Con estos dos términos: talento y excedente cognitivo, ¿qué viaje le espera al nuevo héroe y qué relato podemos empezar a construir?:

La pobreza tiene fuertes raíces en nuestro sistema. La responsabilidad por la “justicia social”, como sistema, no es individual”. AUTOR DESCONOCIDO

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¿Cómo se hace un héroe? (I)

Ayax

“Hay un límite en el que la tolerancia deja de ser una virtud.” E. BURKE

En los últimos 35 años, Zimbardo y sus colegas han estado investigando las raíces y las propiedades del heroísmo, estudiando casos ejemplares del heroísmo y entrevistando a miles de personas sobre sus decisiones de actuar (o no actuar) heroicamente. Del estudio de la psicología del mal, incluyendo tanto el trabajo del “Stanford Prison Experiment” en California, como el de la prisión de Abu Grahib en Iraq, o en la Alemania nazi,  se deduce que gente que consideramos normal, puede volverse monstruosa cuando prueba la sensación de poder que da el anonimato y un contexto deshumanizante.

Una conclusión de esos estudios es que pocas personas hacen el mal, pero aún menos actúan heroicamente. Entre estos dos extremos existe una enorme curva de campana  –una población que no hace nada, que rehusa la llamada a la acción-  y, al no hacer nada, implícitamente apoyan a los que hacen el mal.

En esta curva de campana, los villanos y los héroes son las excepciones, Zimbardo cree que lo que necesitamos descubrir es cómo inspirar el deber y el servicio para prevenir que, los de esa gran mayoría, sean seducidos por el lado oscuro del mal.

Zimbardo también concluye de sus estudios, que los males del mundo son responsabilidad de todos y clasifica los efectos en tres niveles: individual, institucional y sistémico.

Dice que es nuestro deber cuestionar nuestro comportamiento antes de ejecutar las órdenes y ser conscientes de cómo el poder puede manipular nuestras creencias y nuestra conducta en un contexto adecuado, aunque no sólo influye la obediencia. Según esta teoría, el héroe sería el desobediente, el capaz de oponerse al flujo general, para no renunciar a los principios en los que cree, a la propia opinión, o al sentido de la justicia.

Su planteamiento es que el fortalecimiento de la imaginación heroica puede ayudar a hacer que la gente sea más consciente de las pruebas éticas implícitas en situaciones complejas y, al mismo tiempo, ello permite que el individuo tenga ya considerado el costo de su acción heroica. Verse uno mismo capaz de la resolución necesaria para el heroísmo puede ser el primer paso hacia un resultado heroico. En esta línea, Zimbardo se pregunta, ¿cómo fomentar la imaginación heroica?.

Hay algunos pensadores y políticos que nos han ido dejando sus pensamientos al respecto en frases como:

Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.” E. BURKE (s. XVIII)

No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos.”  M. GANDHI (s. XX)

Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.” M.L. KING (s. XX)

Figuras heroicas pueden encontrarse en todas las culturas, reales o míticas. En la mitología antigua y en la épica, un héroe es un semidios (más que un hombre, pero menos que un dios). El héroe siempre es un personaje salvador que trata de salvarse a sí mismo salvando a los demás.

La palabra latina héroe, que a su vez deriva del griego heros, hace referencia a un hombre que es famoso, ilustre y reconocido por sus virtudes o hazañas.

El heroísmo es el método, la regla, la manera de pensar, de sentir y de obrar de los héroes; y la heroicidad es la cualidad (valentía, intrepidez, bravura), la generosidad que inspira y produce los bellos sentimientos por las acciones superiores dignas de admiración y respeto.

El concepto de “héroe” cambia a lo largo del tiempo y de las situaciones:

Rocío Orsi, en su estudio sobre los héroes sofocleos nos muestra que Áyax “…aparece caracterizado como el héroe que, una vez tomada una resolución, la lleva a cabo sin prestar atención a ninguna amenaza, ni ningún consejo que pretenda cambiarla. Ni escucha ni obedece, (son guerreros, les mueve un ansia por obtener gloria, así como una aversión a la vergüenza de no conseguirla).

rocc3ado-orsi-el-saber-del-errorDe ahí que Áyax no tiene la virtud de la valentía como tal, por más que sea viril, sino la pre-virtud de la temeridad y, como tal, la temeridad no es plenamente una virtud porque acusa la falta de prudencia o de conocimiento.

Este correctivo no solo se refiere al poder coercitivo del estado, sino también a la educación, gracias a la cual las disposiciones del carácter se enderezan para constituirse en virtudes y orientarse al bien.

Por eso, un héroe como Áyax constituye una amenaza tanto para el ágora (quien no escucha no puede hacer política) como para el ejército (quien no obedece no puede ser un buen soldado).

Concluye Orsi que …la reflexión de Sófocles sobre los valores y, en concreto, sobre la virtud de la valentía, anticipa de alguna forma, el intento de Platón y Aristóteles por oponer la audacia o temeridad a la virtud de la valentía. Lo que Sófocles lleva a escena es el problema acuciante en el siglo V (aC) de conciliar la moral aristocrática con la realidad política democrática, la necesidad cotidiana de preservar la igualdad entre los ciudadanos y de tributar honras y honores a los mejores.”

Gradualmente, a medida que hemos avanzado hacia el combate mecanizado, especialmente durante y después de la II Guerra Mundial, los ideales originales del heroísmo militar se han ido haciendo más remotos.

Incluso, y paradójicamente, los rasgos asociados con el heroísmo pueden ser un síntoma de psicopatología o mal ajuste, surgiendo de una fantasía de rescate como factor motivador, o de características de narcisismo.

A lo largo del s. XX podemos ver la disminución sutil de la aplicación de la palabra “héroe”. Obtener este título era una posibilidad remota, estaba reservado sólo para unos pocos selectos que, por habilidades especiales, o por la suerte, hacían grandes cosas con gran riesgo personal.

En la sociedad actual, los héroes pueden representar otros valores: el responsable de un éxito deportivo o el artista admirado .También hay personas que se erigen como héroes al superar distintos tipos de adversidades.

Continuará

El efecto LUCIFER

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“Cada uno de nosotros tiene tres posibilidades:

ser pasivo y no hacer nada, ser malvado, o convertirse en un héroe.” P. ZIMBARDO

Cuenta la Biblia que Lucifer era el ángel favorito de Dios, pero desafió la autoridad del mismísimo Dios y fue condenado a los abismos para dirigir el Infierno. Y el ángel más esplendoroso se convirtió en la bestia más temible.

El Efecto Lucifer, es esa situación en que las personas justifican ser inhumanas con otras, algo que se da en todas las guerras, pero no sólo en las guerras. Es la denominación que asigna Zimbardo al análisis psicológico sobre como las personas, siendo esencialmente sociales, crean redes y jerarquías al interactuar, formando mentalidades del estilo “nosotros contra ellos” en que se pierden los límites de pensamiento individual.

Los mejores de nosotros podemos ser llevados a cometer maldades bajo las circunstancias sociales adecuadas: un líder que no nos atrevemos a contradecir, un grupo al que queremos pertenecer, un poder que nos consume la razón.

Podemos observar en las conductas sociales de los grupos humanos que existe una conducta bastante generalizada respecto al desentendimiento de lo que le ocurre al otro, incluso, en los artículos anteriores hemos revisado los casos en que un ser humano es capaz de renunciar por completo a su humanidad en aras de una ideología irreflexiva; y esto le lleva a cumplir órdenes impuestas por una autoridad, que le anima a destruir a todo aquel que es etiquetado como enemigo.

Si sales de Safari y un león te salta encima, instintivamente protegerás tu vida. Si tienes un arma, le dispararás. Y no habrás sido malvado, estabas defendiendo tu vida y era sólo un animal. Cuando deshumanizamos el entorno y nos sentimos amenazados, respondemos de la misma forma, pero si hay humanos en el medio y una rutina en el proceso, nos volvemos malvados.

Hannah Arendt comentaba a raíz del horror nazi: “los actos monstruosos, a pesar de sus horrores, son simplemente una cuestión de burócratas leales que cumplían servilmente órdenes”. El problema de fondo que plantean los experimentos de Zimbardo y Milgram, que hemos mencionado anteriormente, es “la banalidad del mal”, que decía H. Arendt.

737659e2c87d7a6d2c1803661b8c337aoPartiendo de estas premisas, Zimbardo describe el “efecto Lucifer” y acuña este término, para explicar que cuando en el entorno, en la costumbre, bajo presión y queriendo ser parte de la red social, los límites se desdibujan y el santo se vuelve demonio. Y, a quien dude de esto, le sugiere que sólo necesita recordar la última vez que se desvivió por ser aceptado en un grupo: El tipo de acciones no es lo que define, sino nuestra incapacidad de oponernos al flujo general.

El Efecto Lucifer hace un análisis psicológico sobre cómo las personas, todos, queremos gustar, pertenecer a un grupo, no sentirnos marginados. El precio a pagar por ello en muchas ocasiones supone renunciar a la propia opinión, al sentido de la justicia, o a los principios en los que creemos. No somos conscientes de la tremenda responsabilidad que conlleva volvernos amorales para no ser rechazados. Todos somos responsables de las situaciones de injusticia que los titulares de los periódicos denuncian. No “mojarse” hoy significa injusticias aceptadas mañana.

Zimbardo destaca cómo los males del mundo son responsabilidad de todos. Clasifica el efecto Lucifer en tres niveles: individual, institucional y sistémico. Como remedio, o antídoto a este problema humano, el psicólogo propone una llamada al heroísmo.

¿De qué depende que pasemos, o no, ese umbral?. De nuestra conciencia crítica: Es nuestro deber cuestionar nuestro comportamiento antes de ejecutar las órdenes y ser conscientes de cómo el poder puede manipular nuestras creencias y nuestra conducta en un contexto adecuado. Pero no sólo influye la obediencia.

Y aunque en menor medida también hay “héroes”, todavía no tenemos la respuesta de qué mecanismo especulativo crea héroes o villanos en idénticas condiciones. Nuestra conducta es modelada por la influencia cultural, la situación y las circunstancias.

Sin embargo, algunos seres humanos no se dejan arrastrar por la fuerza de la situación. ¿Son éstos seres humanos los héroes?. O en palabras de Zimbardo: El poder del “uno”, de cada uno, tiene el poder de transformar el entorno.

Salirse de la Fila

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El estudio de la influencia social en las conductas individuales, o cómo el entorno puede cambiar a las personas, tiene antecedentes en algunos hechos históricos recogidos en la literatura, de los que ahora seleccionamos dos: “La autoejecución de un capitán francés” y el episodio de un grupo de la policía de reserva durante la IIGM, narrado por  el historiador Browning en  su obra “Aquellos hombres grises. El Batallón 101 y la solución final en Polonia”.

El militar y aventurero J. C. Friedrich, cuenta en las memorias tituladas “Cuarenta años de la vida de un muerto” que, “…el capitán de un regimiento de las tropas napoleónicas, con fama de valiente y buen soldado, convocó a su compañía a hacer ejercicios de tiro al plato en una plaza habilitada al efecto. Pero antes de que empezaran los ejercicios, ordenó a sus hombres que formaran un corro en torno a él y, en un dramático discurso, les inculcó que el primer y más sagrado deber de un soldado es la obediencia incondicional hacia sus superiores: no importa lo que éstos ordenen, pues después de todo el peso de la responsabilidad recae únicamente sobre ellos.Tras esta alocución, ordenó a sus hombres que se pusieran nuevamente en fila y cargaran armas, realizando después diversas maniobras de rutina. En un momento dado se colocó frente a ellos y, de un solo aliento, les espetó: “Apprêtez-armes, joue-feu!”. Inmediatamente después, su cuerpo cayó exánime al suelo. Dos terceras partes de sus hombres habían disparado. Sólo la tercera parte restante había tenido suficientes reflejos y conciencia para detenerse a tiempo y no pulsar el gatillo.”

Con el tiempo se supo que el capitán había decidido auto-ejecutarse de este modo porque la Orden de la Legión de Honor que esperaba obtener desde hacía tiempo le había sido concedida a su rival. “Resulta difícil creer –observa Friedrich–, que sea posible que una cosa tan miserable como un juguete de una cintita con una crucecilla, haya podido inducir a una persona sensata a cometer una estupidez semejante”. Tanto más, cuanto que lo que el capitán también empleó a modo de juguete fueron la conciencia y la lealtad de todos sus hombres.

Friedrich no disponía de una expresión certera para referirse al nudo del relato de la muerte del capitán francés, se llama “Ley de Obediencia Debida”, una expresión que obtuvo triste popularidad en los 80’s en relación a los crímenes de la dictadura argentina y que se mantuvo vigente como eximente legal incontestable hasta que el Tribunal Militar Internacional la cuestionó como tal en el proceso de Núremberg.

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En la otra experiencia histórica que nos ocupa, Browning nos cuenta que “el 13 de julio de 1942 los hombres del Batallón Alemán 101 de la Policía de Reserva, estacionado en Polonia, fueron despertados al rayar el alba y conducidos a las afueras de un pequeño pueblo. Provistos de munición adicional pero sin tener ni idea de lo que les esperaba, los 500 hombres se agruparon en torno a su apreciado jefe, el Comandante de 53 años Wilhelm Trapp.

Nervioso, Trapp explicó que les había sido encomendada una misión tremendamente desagradable, y que las órdenes procedían de las máximas autoridades. En el pueblo había unos 1.800 judíos que al parecer estaban colaborando con los partisanos. La orden era coger a los judíos varones mayores de edad y trasladarlos a un campo de trabajo. Matarían a las mujeres, los niños y los viejos allí mismo. Mientras hablaba, Trapp tenía los ojos llenos de lágrimas y forcejeaba a todas luces por controlarse. Él y sus hombres nunca habían recibido una orden así. Al finalizar su alocución, hizo un ofrecimiento extraordinario: si alguno no se sentía con ánimo de realizar la tarea que le esperaba, podía salirse de la fila.Trapp hizo una pausa. Los hombres tuvieron unos segundos para decidir. Una docena de hombres dieron un paso al frente. Los demás participarían en la matanza. Muchos de ellos, tras cumplir una vez con su deber, vomitaron o tuvieron otras reacciones viscerales que les impedía seguir matando, por lo que luego se les encargaron otras tareas. A casi todos les horrorizaba y asqueaba lo que estaban haciendo. Sin embargo, ¿por qué sólo una docena entre 500 declararon no estar dispuestos a participar en el asesinato masivo?.” Caso incluido en “Decisiones instintivas”, GIGERENZER, G. (2008)

Si no era antisemitismo ni miedo a la autoridad, ¿qué había convertido a hombres corrientes en asesinos?.

Browning señala varias causas posibles, entre ellas la falta de aviso y de tiempo para pensar, la preocupación por su ascenso profesional y el miedo al castigo por parte de otros oficiales. Sin embargo, concluye que hay una explicación distinta basada en cómo los hombres uniformados se identifican con sus camaradas.

Muchos policías parecían seguir una regla general social: NO ROMPAN FILAS.

¿Qué cree que habría hecho usted?, ¿Dispararía?. El proceso mental que lleva a señalar a alguien como el enemigo a exterminar, no es sencillo, pero cuando se produce, genera seres humanos como Eichmann, seres normales que en un momento dado de sus vidas desconectan del más mínimo atisbo de moralidad, por miedo a ser rechazados por su grupo de referencia.

Lo más espeluznante, antes de conocer los experimentos de Milgram y Zimbardo, es que se tendía a pensar que el mal se encontraba en el individuo, en los psicópatas tipo Hitler, Stalin o Mao Zedong. Pero, después de los experimentos ya sabemos que cualquiera de nosotros, si la situación le lleva a ello, puede llegar a ser como Eichmann o Mengele.

Los experimentos demostraron que las situaciones sociales tienen un poder muy sutil para influir en el comportamiento de las personas, mucho más de lo que las propias personas somos capaces de imaginar.

¿Cómo es posible que un ser humano sea capaz de renunciar por completo a su humanidad, en aras de una ideología irreflexiva, que le lleva a cumplir órdenes impuestas por una autoridad que le anima a destruir a todo aquel que es etiquetado como enemigo?. No se sabe.

Sin embargo, se sabe que algunos seres humanos -quizás héroes-, no se dejan arrastrar por la fuerza de la situación.

Revisaremos este “efecto de heroicidad” en la próxima entrega…

“El Experimento” de Zimbardo

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El experimento de la cárcel de Stanford fue llevado a cabo por un equipo de investigadores liderado por Philip Zimbardo de la Universidad Stanford (1971).

No aportaré información sobre los detalles del experimento pues es tan celebérrimo que sobre él se han realizado una novela, un documental, varias películas, una serie de televisión y hasta un reality show.

Seguimos en el contexto del estudio de la obediencia a la autoridad: Este experimento es un estudio psicológico de las conductas en un ambiente extremo, la vida en prisión, para demostrar cómo el entorno puede cambiar a las personas.

Tras un primer día relativamente anodino, el segundo día se desató un motín. A cárcel de Stanfordpartir de ese momento, los guardias trataron de dividir a los prisioneros y enfrentarlos, situándolos en bloques de celdas «buenos» y «malos», para hacerles creer que había «informantes» entre ellos. Esta treta fue muy efectiva, pues no se volvieron a producir rebeliones a gran escala. De acuerdo con los consejeros de Zimbardo, esta táctica había sido empleada con éxito también en prisiones reales estadounidenses.

El experimento se descontroló rápidamente. Los prisioneros sufrieron —y aceptaron— un tratamiento sádico y humillante a manos de los guardias, y al final muchos mostraban graves trastornos emocionales.

El método tuvo muchas críticas, pero lo que interesa es medir la influencia del entorno sobre el carácter interno de una persona y demuestra lo rápidamente que las personas pueden cambiar de rol y adoptar un consenso social objetivo compartido.

El experimento demuestra la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se le proporciona una ideología legitimadora y el apoyo institucional.

Zimbardo contrasta los resultados de su experimento con el de Milgram y concluye con tres ideas fundamentales:

  1. La obediencia a la autoridad requiere nuestra participación en el proceso de creación del mito de la autoridad, que más tarde quedará legitimada con nuestra sumisión y obediencia.
  2. La razón por la que podemos ser tan fácilmente manipulados es porque creemos en cierta invulnerabilidad personal y en un autocontrol que nos hace pensar erróneamente que somos independientes al poder de las fuerzas sociales.
  3. El mal y el daño no son necesariamente fruto de acciones de personas malvadas, sino el resultado generado por buenos burócratas que simplemente hacen su trabajo.

Personas normales pueden ser  manipuladas, mediante la creación de las condiciones y las  situaciones adecuadas.

Obedecer órdenes sin plantearse las consecuencias morales y sin ser consciente del mal que se puede hacer, está muy relacionado con la delegación y la difusión de la responsabilidad.

Continuará…

El efecto Milgram

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Stanley Milgram. Los peligros de la obediencia (1974)

El psicólogo Stanley Milgram creó un experimento en los 60’s que no voy a describir porque esa información se puede obtener fácilmente; y tampoco voy a plantear aquí otras cuestiones relacionadas, como la ética de su realización, o si las mujeres son más obedientes que los hombres, o cómo afecta la distancia entre la víctima y el que da las órdenes, o sobre la apariencia o el rango de la persona que encarna la autoridad, etc., porque todas estas cuestiones ya han sido muy debatidas.

Lo que interesa destacar es que el experimento se hizo para estudiar la “Obediencia a la Autoridad”.

En los juicios posteriores a la IIGM, muchos criminales de guerra declararon que simplemente cumplieron órdenes y que no podían ser considerados responsables de sus actos. Los alemanes, ¿fueron realmente malvados o se trata de un fenómeno de grupo que le podría ocurrir a cualquiera en las mismas condiciones?.

manipulacion_elrotoMilgram, que era judío, estaba tratando de esclarecer si las declaraciones de los criminales de guerra que establecían que sólo estaban obedeciendo órdenes, eran una defensa razonable o no. Tres meses después del juicio de Eichmann, Milgram quería establecer –mediante investigación científica-, si las personas realmente obedecerían a las figuras de la autoridad aunque las instrucciones fueran moralmente incorrectas. Ideó estos experimentos para responder a la pregunta: ¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes?. ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices?. Realizó el experimento para obtener respuesta a la siguiente pregunta:

¿Cuánto tiempo puede alguien seguir dando descargas eléctricas a otra persona, si se le dice que lo haga, incluso si creyera que se le pueden causar heridas graves?.

Antes del experimento de Milgram, los expertos pensaban que aproximadamente entre el 1 y el 3% de los sujetos no dejaría de realizar las descargas. Creían que tendrías que ser morboso o psicópata para hacerlo.

Sin embargo, el 65% de los sujetos no dejó de realizar las descargas. Ninguno se detuvo cuando el aprendiz dijo que tenía problemas cardíacos. ¿Cómo puede ser?.

Ahora se cree que tiene que ver con nuestro comportamiento “casi innato” que indica que tenemos que hacer lo que se nos dice, sobre todo si proviene de personas con autoridad.

¿La naturaleza humana es intrínsecamente mala o una persona sensata podría ser obligada por la autoridad a realizar acciones antinaturales?: ¡Haz lo que se te dice!.

El principal descubrimiento del estudio es que se da una excesiva buena voluntad, en los adultos, para aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por una autoridad.

Mañana continuaremos esta llamada de alerta respecto a la entrega de la obediencia a la autoridad, con otro experimento, el realizado por Zimbardo en la Universidad de Stanford.

Pensamiento y Acción

29.1 6 SOMBREROS

Edward de Bono

“No basta saber, también se debe aplicar; no es suficiente querer, también se debe hacer”.  GOETHE

Si revisamos la bibliografía encontraremos consenso sobre que nacemos sin saber quiénes somos, experimentamos, aprendemos y, al hacerlo, comenzamos a tomar decisiones que determinarán nuestro carácter y nuestra identidad.

En los años 1970, las investigaciones con equipos electroencefalográficos trataban de determinar la secuencia de activación requerida para desencadenar acciones voluntarias (como pulsar un botón) en sitios específicos del cerebro.

Fue registrado y reportado ya en 1964 por H. Kornhuber y L. Deecke en la Universidad de Friburgo en Alemania. Estas observaciones indican que los procesos neurológicos inconscientes preceden y potencialmente causan tanto la sensación de haber realizado una decisión por propia voluntad como el mismo acto motor.

A. Libet,  con su famoso experimento de búsqueda de la “sensación de umbral” en la actividad neural, demostró que eventos cerebrales inconscientes, observables como potenciales eléctricos, llamados potenciales de preparación (readiness potential), realmente preceden en un lapso variable –desde 0.3 hasta varios segundos-, la sensación consciente de haber tomado una decisión voluntaria en preparación de una acción motora.

Este ‘potencial pre-motor, es una medida de la actividad en el cortex motor y el área motora suplementaria del cerebro, ocupado en la preparación de un movimiento muscular voluntario.

La conclusión de Libet de estas observaciones es que los procesos cerebrales determinan las decisiones. Sugiere que las decisiones tomadas por una persona son primero hechas en un plano inconsciente y después son traducidas a una decisión consciente; y la creencia del sujeto de que esto ocurrió bajo su voluntad se debe únicamente a la visión retrospectiva del evento.

A. Damasio en su libro El error de Descartes, dice que el ser humano que decide tiene dos opciones:

  1. Hacerlo de una forma pura racional, analizando datos pasados evaluando consecuencias y haciendo prospectivas futuras.
  2. Utilizar el sistema de emociones y sentimientos con el que la naturaleza lo dotó para tomar las decisiones a favor de la supervivencia.

En caso de la primera, su decisión fracasaría, puesto que requeriría el tiempo y los recursos que en la mayoría de los casos no tendría y por lo tanto su forma de decidir, no será la adecuada.

Los pacientes con daño en la corteza prefrontal sobre los que Damasio edifica toda esta teoría de manera experimental, deciden aparentemente de esta manera y sus relaciones sociales, así como el devenir de su estabilidad familiar, financiera y laboral se ha ido deteriorando de manera significativa pues sus decisiones no se adaptan a la realidad en cada una de las esferas.

Los seres sin lesiones prefrontales aparentes, utilizamos las emociones y los sentimientos en la toma de decisiones, mucho más de lo que creemos o de lo que nos damos cuenta.

Lo que observamos en las causas de nuestra conducta es que dispondríamos de todos los componentes de estos sistemas puros a la vez y, en función, de las características de las decisiones intervendrían, más o menos, cada uno de los factores racionales y emocionales, pero todos juntos. Es decir, la calidad estaría determinando la cantidad, pero todas las actuaciones son resultantes de la influencia de la razón y de la emoción conjuntamente.

J. LeDoux, por su parte, considera que nuestra fisiología no nos condena, “no significa que simplemente seamos víctimas de nuestro cerebro y que nos debamos rendir a nuestros impulsos. Significa que la causalidad llevada a la práctica (la cascada del pensamiento hasta la acción) es a veces un trabajo duro. El hacer lo correcto no siempre proviene por naturaleza de saber qué es lo correcto”.

29.2 kermit-the-frog

 

Cinco ranas están sentadas en una rama, cuatro deciden saltar:

¿cuántas ranas quedan en la rama?

 

Pasar de ilusiones o buenas intenciones a acciones efectivas -planificando y evaluando riesgos-, nos lleva a la conexión entre neurología (motivos) y sistemas de decisión (elecciones).

La libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. El principio del libre albedrío tiene implicaciones religiosas, éticas, psicológicas, jurídicas y científicas. Por ejemplo, en la ética puede suponer que los individuos pueden ser responsables de sus propias acciones. Muchas autoridades religiosas han apoyado dicha creencia, mientras que ha sido criticada como una forma de ideología individualista por pensadores como Spinoza, Schopenhauer, Marx o Nietzsche.

Spinoza en la Ética escribió, “Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales. Los hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza”.

Schopenhauer, estando de acuerdo con Spinoza, escribió, “Todos creen a priori en que son perfectamente libres, aún en sus acciones individuales, y piensan que a cada instante pueden comenzar otro capítulo de su vida… Pero a posteriori, por la experiencia, se dan cuenta —para su asombro— de que no son libres, sino sujetos a la necesidad; su conducta no cambia a pesar de todas las resoluciones y reflexiones que puedan llegar a tener. Desde el principio de sus vidas al final de ellas, deben soportar el mismo carácter”.

William James, filósofo y psicólogo, tenía puntos de vista un tanto ambivalentes: Mientras creía en el libre albedrío en campos éticos, pensaba que no había evidencia para su existencia en campos psicológicos o científicos. En su clásica obra Pragmatismo (1907), escribió que “El instinto y sus utilidades pueden ser confiables para llevar los asuntos sociales de castigo y culpa fuera de las teorías metafísicas”.

Daniel Dennett, el filósofo considerado como una de las mentes actuales más brillantes, dice que los únicos conceptos bien definidos son las “expectativas”. Desde que los individuos tienen la habilidad de actuar de una manera diferente a la que el resto espera, el libre albedrío puede existir. Además, la habilidad para hacer lo “contrario” sólo tiene sentido cuando se manejan expectativas y no con un futuro totalmente desconocido.

Dennett, en una reciente entrevista manifestaba tener claro cómo hemos llegado hasta aquí: “Desde la invención de la agricultura, hace 10.000 años, la cultura ha evolucionado de un modo puramente darwiniano pero la llegada de la tecnología ha acelerado ese proceso hasta un punto impredecible. El rol de la cultura ha cambiado completamente, exactamente lo mismo que pasa con la religión. Y la tecnología tiene un papel muy relevante en todo esto”.

Y se pregunta: “¿Tiene esto solución?”. Y se responde: “Por supuesto, los humanos somos increíbles previniendo catástrofes. Lo que pasa es que nadie recibe una medalla por algo que no ha pasado. Los héroes son siempre los que actúan a posteriori, pero no tengo ninguna duda de que la humanidad sabrá prepararse para lo que está por llegar. Hay un 20% de posibilidades de que esté equivocado, también podemos agarrarnos a eso”.

Es alentador comprender que la mente humana tiene la capacidad para cambiar. No estamos destinados a un futuro rígidamente programado ni tampoco inevitablemente predestinados a una carrera cuesta abajo.