EMOCIONES: El mal llamado Sistema Límbico

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“El corazón tiene razones que la razón desconoce” B. PASCAL

Un sistema biológico consiste en un conjunto de órganos y estructuras similares, que trabajan a la par para cumplir con una función fisiológica específica en cualquiera de los seres vivos.

La emoción implica al sistema nervioso por completo. Pero hay dos partes del sistema nervioso que son especialmente importantes: El sistema límbico y el sistema nervioso autónomo.

Con la publicación del libro La expresión de las emociones en los animales y en el hombre, Darwin fue el primero que puso de manifiesto la importancia funcional de las emociones. Las emociones según Darwin (1872/1984), cumplían dos funciones:

  1. Facilitaban la adaptación del organismo al medio y, por tanto, su supervivencia al reaccionar éste de manera adecuada ante las situaciones de emergencia (por ejemplo, lucha, huida).
  2. Servían como medio de comunicación de las futuras intenciones a otros animales mediante la expresión de la conducta emocional.

En el siglo XIX, Paul Broca llamó le grand lobe limbique -el gran lóbulo (del latín límbus, “frontera”)-, a las estructuras corticales que se encuentran en el límite entre el cerebro anterior y el tallo cerebral (también llamado cerebro medio). Estas estructuras incluían la circunvolución cingulada (que se arquea alrededor del margen superior del cuerpo calloso), la circunvolución subcallosa, la circunvolución callosa, la circunvolución parahipocámpica y el hipocampo.

En 1952, Paul MacLean hipotetizó que cierto número de estructuras, que incluían este anillo cortical, constituían un sistema funcional al cual nombró Sistema Límbico.

Actualmente, existe cierto desacuerdo acerca de las bases para considerar esta estructura como un sistema, incluso en torno a la propia validez del concepto de sistema límbico.

No obstante, las estructuras que tradicionalmente se consideran parte del sistema límbico incluyen, además de las áreas corticales, el Septum, la Amígdala, el Hipotálamo, y el núcleo anterior del Tálamo, entre otros.

El sistema límbico recibe tres principales fuentes de entrada cortical y cada una de estas fuentes de entrada llevan información desde las cortezas de asociación, proporcionando información altamente procesada acerca del ambiente. Asimismo, existen tres fuentes principales de salida (eferentes límbicos) hacia la corteza.

La amígdala está constituida por diferentes núcleos con fibras que conectan con el hipocampo, los ganglios basales, el hipotálamo, el tálamo y los núcleos del tronco cerebral. Desempeña un papel fundamental en el procesamiento emocional, el aprendizaje y la modulación de la atención. Su localización como estructura clave para procesar la información y para preparar la respuesta apropiada en la emoción de miedo representa un avance significativo en el conocimiento de los procesos emocionales. Las aportaciones de LeDoux (1996, 2000a, 2000b) son fundamentales para entender la emoción de miedo.

El hipotálamo, además de su papel en la regulación de la función autónoma y endocrina, también influye en la regulación de la conducta emocional, incluyendo la conducta irascible. Además, el Septum y también partes del hipotálamo producen intenso placer cuando se les estimula eléctricamente.

Con respecto al hipocampo, existe poca evidencia de que esté involucrado directamente en la emoción, sin embargo, dado que es fundamental para la memoria -según se deduce de los efectos por daño bilateral del mismo (amnesia anterógrada)-, no es sorprendente que dicha estructura pueda mediar tanto en la memoria como en la emoción.

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Los 3 grandes ejes en torno a los cuales se acumula la mayor parte de la investigación neurobiológica actual son los siguientes:

  1. el procesamiento de la estimulación emocional,
  2. la preparación de la respuesta emocional, y
  3. la experiencia subjetiva o sentimiento emocional.

Es decir, la dimensión neurobiológica es imprescindible en la tarea de conocer y comprender los procesos emocionales: alegría, sorpresa, miedo, ira, aversión y tristeza.

En cuanto a los argumentos neurobiológicos, parece clara la implicación de la amígdala y de los hemisferios cerebrales. Cada una de las estructuras implicadas juega un papel definido en los procesos emocionales, y, aunque la postura más prudente podría hacernos pensar en un funcionamiento conjunto del sistema nervioso central -entendido éste como un todo organizado-, es pertinente sugerir algunas reflexiones específicas para cada una de las dos estructuras reseñadas: Así, por una parte, en cuanto a la participación de la amígdala en la emoción, parece obvio que es uno de los temas que más investigación acapara en los últimos años. Y por otra, sobre la participación específica de los hemisferios cerebrales en las emociones, hay evidencias de que cada uno de ellos cumple una función concreta en la interpretación y en la expresión de las mismas. Los conocimientos que actualmente se poseen permiten defender la existencia de una cierta lateralización hemisférica para entender el control emocional.

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