Talento y Liderazgo: IDENTIDAD

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“El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Una representación lógica de hechos es un pensamiento. Un pensamiento es una proposición con significado”. L. WITTGENSTEIN
 

Vivimos en un mundo incierto y nos pasamos la vida buscando la certeza y algunas referencias que nos den seguridad. En esa búsqueda, encontramos un elemento idóneo: la identidad. ¿Cómo se construye la identidad, mediante el talento y la singularidad?. Se construye sobre todo desde la diferencia, no desde lo complementario, pues parece exigir la eliminación del contrario. Desde la geografía de la pertenencia se toma conciencia del sí mismo.

En una época en que nos pensamos globalizados, eso nos configura espacialmente como reticulares y funcionalmente como interdependientes. En este contexto, resulta paradójico que establezcamos relaciones de fuerte competitividad, en orden a obtener un liderazgo con criterios de singularidad identitaria. Pareciera que nos hallamos en una absurda carrera para establecer el canon de Procusto. ¿Qué sentido tiene, en una sociedad configurada en red, competir por unas posiciones diferenciadoras y exclusivas?. Si todos los elementos están interconectados en la red, el resultado individual es causa y efecto del resultado global.

Cuando alguno de los nodos de la red reivindica su identidad, selecciona las señas de pertenencia que le fortalecen y contribuye a la debilidad del conjunto. En este proceso de reflexión y, por definición, de análisis crítico, se construyen los pensamientos de valores fundamentales hacia el liderazgo. El tipo de liderazgo nodal es liderazgo de seguidores, y es frontalmente diferente del liderazgo de líderes que caracteriza a la configuración reticular.

Cohabitamos y compartimos, por 1ª vez en la historia de conflictos e incompatibilidades que ha utilizado la guerra como recurso omnipresente, un mundo de conversaciones en red, donde las redes sociales son ahora el recurso omnipresente que está configurando nuestra historia común. La existencia de un patrimonio o herencia cultural compartida, –como individuos y como organizaciones-, ¿será lo que marque el futuro como especie y rompa la fatalidad histórica?. La respuesta nos dirá si el cambio de paradigma de la identidad se ha producido en la comunidad universal.

La importancia de pensar el modelo del cerebro de manera reticular coincide con esta visión del ser humano global. En la estructura cerebral se conciben una serie de nodos o estaciones de intercambio de información que necesitan funcionar en coordinación horizontal. Ninguno de los nodos es líder racional o emocional, sino que en esas estaciones o encrucijadas se encuentran componentes químicos o eléctricos esenciales, para que el estímulo se convierta en la respuesta racio-emocional requerida en cada momento. Si este funcionamiento no fuera integrador, los fenómenos como el lenguaje humano no se habrían producido. Quizá, la importancia de esta función integradora, a la que algunos creen hemos llegado por evolución, se pierde de vista por una cuestión de obviedad -el lenguaje caracteriza al ser humano-, o también, porque nos auto-representamos como seres vivos perfectos. Condición superior que nos convierte en medida de la biología, por nuestras diferencias.

“Creer es crear” decía Unamuno. El hombre se cree dueño del mundo, o por designación divina, o porque da nombre a las cosas, las mide, las define por su propio criterio. Por eso no le resulta necesario cuestionarse su superioridad, su diferencia, porque domina el mundo. Pero cuando un grupo de hombres se pregunta por su identidad, la situación está retrocediendo en el tiempo, ya que en una configuración reticular-global las respuestas a esa pregunta son, o tautológicas, o tan genéricas que no permiten la operación de identidad, es decir, ni diferencian, ni cohesionan. Pues, la identidad posiciona en jerarquía vertical y esto es irreconciliable con el modelo integrador de funciones interdependientes.

En la línea del proyecto de futuro humano común, están los proyectos que sobre el estudio del cerebro humano se acaban de poner en marcha:

  • El proyecto CEREBRO HUMANO es otro impulso de la neurociencia en Europa 21.4 cerebro mapeado–octubre 2013- (el objetivo es entender por qué el cerebro humano es único). El proyecto utilizará modelos basados en supercomputadores y simulaciones para reconstruir un cerebro humano virtual con el objetivo de desarrollar nuevos tratamientos para enfermedades neurológicas. El profesor S. Furber cree que es el momento adecuado para intentarlo. “Hay un montón de razones para que haya escepticismo. Pero haremos progresos incluso si no logramos el objetivo final, y esto podría traer grandes beneficios para la medicina, la informática y la sociedad”.
  • El proyecto BRAIN (USA – enero 2014) aspira a hacer lo que el Proyecto 21.3 Obama-BRAINGenoma Humano hizo al decodificar la genética: decodificar y mapear las funciones de ese misterioso aparato que nos hace pensar, sentir y recordar. La idea de lograr descifrar el cerebro es poder entender cómo funciona el órgano más importante en los seres humanos y poder combatir enfermedades derivadas de su mal funcionamiento. “Es la base de nuestra mente, y cuando la humanidad entienda el cerebro, entenderemos lo que somos, cómo funciona la mente, qué es pensar, qué es recordar, cómo imaginamos. Tal como hizo la decodificación genética, descifrar los códigos cerebrales implicará varios desafíos éticos y legales, para los cuales el gobierno de Obama ya anunció una comisión. Somos científicos, pero también ciudadanos responsables. Tendrá un componente ético y legal, consistente con las reglas del juego de las sociedades modernas”, indicó el científico Yuste.

Volvemos a la ética: Buscamos líderes que nos guíen para saber vivir como nos conviene. ¡Hagamos un llamamiento por facebook o twitter! y a ver qué pasa…

Tenemos por delante una gran tarea, demostrar con argumentos convincentes, que mantener la identidad de algunos grupos humanos mediante la gestión de determinados patrones culturales contiene los peligros de regreso al pasado; y además es ilegítima. Cualquier catálogo de patrones culturales reivindicado en la actualidad por un solo grupo humano como identidad primaria, no puede ser más que fruto de la ignorancia, o de la falta de talento. O como decía el poeta Machado a propósito de Oriente y Occidente, “Hombre occidental/tu miedo al Oriente, ¿es miedo/ a dormir o a despertar?”.

En este mundo global y heterogéneo, el sentido, el fundamento y el alcance de una identidad cultural, resulta muy difícil de mantener en términos cerrados y excluyentes. Es incompatible con lo universal, lo abierto, sólo puede concebirse como herramienta elitista, defensiva frente al otro; y para eso existe un poderoso factor clave al que acudir: el miedo.

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