Pensamiento y Acción

29.1 6 SOMBREROS

Edward de Bono

“No basta saber, también se debe aplicar; no es suficiente querer, también se debe hacer”.  GOETHE

Si revisamos la bibliografía encontraremos consenso sobre que nacemos sin saber quiénes somos, experimentamos, aprendemos y, al hacerlo, comenzamos a tomar decisiones que determinarán nuestro carácter y nuestra identidad.

En los años 1970, las investigaciones con equipos electroencefalográficos trataban de determinar la secuencia de activación requerida para desencadenar acciones voluntarias (como pulsar un botón) en sitios específicos del cerebro.

Fue registrado y reportado ya en 1964 por H. Kornhuber y L. Deecke en la Universidad de Friburgo en Alemania. Estas observaciones indican que los procesos neurológicos inconscientes preceden y potencialmente causan tanto la sensación de haber realizado una decisión por propia voluntad como el mismo acto motor.

A. Libet,  con su famoso experimento de búsqueda de la “sensación de umbral” en la actividad neural, demostró que eventos cerebrales inconscientes, observables como potenciales eléctricos, llamados potenciales de preparación (readiness potential), realmente preceden en un lapso variable –desde 0.3 hasta varios segundos-, la sensación consciente de haber tomado una decisión voluntaria en preparación de una acción motora.

Este ‘potencial pre-motor, es una medida de la actividad en el cortex motor y el área motora suplementaria del cerebro, ocupado en la preparación de un movimiento muscular voluntario.

La conclusión de Libet de estas observaciones es que los procesos cerebrales determinan las decisiones. Sugiere que las decisiones tomadas por una persona son primero hechas en un plano inconsciente y después son traducidas a una decisión consciente; y la creencia del sujeto de que esto ocurrió bajo su voluntad se debe únicamente a la visión retrospectiva del evento.

A. Damasio en su libro El error de Descartes, dice que el ser humano que decide tiene dos opciones:

  1. Hacerlo de una forma pura racional, analizando datos pasados evaluando consecuencias y haciendo prospectivas futuras.
  2. Utilizar el sistema de emociones y sentimientos con el que la naturaleza lo dotó para tomar las decisiones a favor de la supervivencia.

En caso de la primera, su decisión fracasaría, puesto que requeriría el tiempo y los recursos que en la mayoría de los casos no tendría y por lo tanto su forma de decidir, no será la adecuada.

Los pacientes con daño en la corteza prefrontal sobre los que Damasio edifica toda esta teoría de manera experimental, deciden aparentemente de esta manera y sus relaciones sociales, así como el devenir de su estabilidad familiar, financiera y laboral se ha ido deteriorando de manera significativa pues sus decisiones no se adaptan a la realidad en cada una de las esferas.

Los seres sin lesiones prefrontales aparentes, utilizamos las emociones y los sentimientos en la toma de decisiones, mucho más de lo que creemos o de lo que nos damos cuenta.

Lo que observamos en las causas de nuestra conducta es que dispondríamos de todos los componentes de estos sistemas puros a la vez y, en función, de las características de las decisiones intervendrían, más o menos, cada uno de los factores racionales y emocionales, pero todos juntos. Es decir, la calidad estaría determinando la cantidad, pero todas las actuaciones son resultantes de la influencia de la razón y de la emoción conjuntamente.

J. LeDoux, por su parte, considera que nuestra fisiología no nos condena, “no significa que simplemente seamos víctimas de nuestro cerebro y que nos debamos rendir a nuestros impulsos. Significa que la causalidad llevada a la práctica (la cascada del pensamiento hasta la acción) es a veces un trabajo duro. El hacer lo correcto no siempre proviene por naturaleza de saber qué es lo correcto”.

29.2 kermit-the-frog

 

Cinco ranas están sentadas en una rama, cuatro deciden saltar:

¿cuántas ranas quedan en la rama?

 

Pasar de ilusiones o buenas intenciones a acciones efectivas -planificando y evaluando riesgos-, nos lleva a la conexión entre neurología (motivos) y sistemas de decisión (elecciones).

La libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. El principio del libre albedrío tiene implicaciones religiosas, éticas, psicológicas, jurídicas y científicas. Por ejemplo, en la ética puede suponer que los individuos pueden ser responsables de sus propias acciones. Muchas autoridades religiosas han apoyado dicha creencia, mientras que ha sido criticada como una forma de ideología individualista por pensadores como Spinoza, Schopenhauer, Marx o Nietzsche.

Spinoza en la Ética escribió, “Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales. Los hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza”.

Schopenhauer, estando de acuerdo con Spinoza, escribió, “Todos creen a priori en que son perfectamente libres, aún en sus acciones individuales, y piensan que a cada instante pueden comenzar otro capítulo de su vida… Pero a posteriori, por la experiencia, se dan cuenta —para su asombro— de que no son libres, sino sujetos a la necesidad; su conducta no cambia a pesar de todas las resoluciones y reflexiones que puedan llegar a tener. Desde el principio de sus vidas al final de ellas, deben soportar el mismo carácter”.

William James, filósofo y psicólogo, tenía puntos de vista un tanto ambivalentes: Mientras creía en el libre albedrío en campos éticos, pensaba que no había evidencia para su existencia en campos psicológicos o científicos. En su clásica obra Pragmatismo (1907), escribió que “El instinto y sus utilidades pueden ser confiables para llevar los asuntos sociales de castigo y culpa fuera de las teorías metafísicas”.

Daniel Dennett, el filósofo considerado como una de las mentes actuales más brillantes, dice que los únicos conceptos bien definidos son las “expectativas”. Desde que los individuos tienen la habilidad de actuar de una manera diferente a la que el resto espera, el libre albedrío puede existir. Además, la habilidad para hacer lo “contrario” sólo tiene sentido cuando se manejan expectativas y no con un futuro totalmente desconocido.

Dennett, en una reciente entrevista manifestaba tener claro cómo hemos llegado hasta aquí: “Desde la invención de la agricultura, hace 10.000 años, la cultura ha evolucionado de un modo puramente darwiniano pero la llegada de la tecnología ha acelerado ese proceso hasta un punto impredecible. El rol de la cultura ha cambiado completamente, exactamente lo mismo que pasa con la religión. Y la tecnología tiene un papel muy relevante en todo esto”.

Y se pregunta: “¿Tiene esto solución?”. Y se responde: “Por supuesto, los humanos somos increíbles previniendo catástrofes. Lo que pasa es que nadie recibe una medalla por algo que no ha pasado. Los héroes son siempre los que actúan a posteriori, pero no tengo ninguna duda de que la humanidad sabrá prepararse para lo que está por llegar. Hay un 20% de posibilidades de que esté equivocado, también podemos agarrarnos a eso”.

Es alentador comprender que la mente humana tiene la capacidad para cambiar. No estamos destinados a un futuro rígidamente programado ni tampoco inevitablemente predestinados a una carrera cuesta abajo.