El efecto LUCIFER

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“Cada uno de nosotros tiene tres posibilidades:

ser pasivo y no hacer nada, ser malvado, o convertirse en un héroe.” P. ZIMBARDO

Cuenta la Biblia que Lucifer era el ángel favorito de Dios, pero desafió la autoridad del mismísimo Dios y fue condenado a los abismos para dirigir el Infierno. Y el ángel más esplendoroso se convirtió en la bestia más temible.

El Efecto Lucifer, es esa situación en que las personas justifican ser inhumanas con otras, algo que se da en todas las guerras, pero no sólo en las guerras. Es la denominación que asigna Zimbardo al análisis psicológico sobre como las personas, siendo esencialmente sociales, crean redes y jerarquías al interactuar, formando mentalidades del estilo “nosotros contra ellos” en que se pierden los límites de pensamiento individual.

Los mejores de nosotros podemos ser llevados a cometer maldades bajo las circunstancias sociales adecuadas: un líder que no nos atrevemos a contradecir, un grupo al que queremos pertenecer, un poder que nos consume la razón.

Podemos observar en las conductas sociales de los grupos humanos que existe una conducta bastante generalizada respecto al desentendimiento de lo que le ocurre al otro, incluso, en los artículos anteriores hemos revisado los casos en que un ser humano es capaz de renunciar por completo a su humanidad en aras de una ideología irreflexiva; y esto le lleva a cumplir órdenes impuestas por una autoridad, que le anima a destruir a todo aquel que es etiquetado como enemigo.

Si sales de Safari y un león te salta encima, instintivamente protegerás tu vida. Si tienes un arma, le dispararás. Y no habrás sido malvado, estabas defendiendo tu vida y era sólo un animal. Cuando deshumanizamos el entorno y nos sentimos amenazados, respondemos de la misma forma, pero si hay humanos en el medio y una rutina en el proceso, nos volvemos malvados.

Hannah Arendt comentaba a raíz del horror nazi: “los actos monstruosos, a pesar de sus horrores, son simplemente una cuestión de burócratas leales que cumplían servilmente órdenes”. El problema de fondo que plantean los experimentos de Zimbardo y Milgram, que hemos mencionado anteriormente, es “la banalidad del mal”, que decía H. Arendt.

737659e2c87d7a6d2c1803661b8c337aoPartiendo de estas premisas, Zimbardo describe el “efecto Lucifer” y acuña este término, para explicar que cuando en el entorno, en la costumbre, bajo presión y queriendo ser parte de la red social, los límites se desdibujan y el santo se vuelve demonio. Y, a quien dude de esto, le sugiere que sólo necesita recordar la última vez que se desvivió por ser aceptado en un grupo: El tipo de acciones no es lo que define, sino nuestra incapacidad de oponernos al flujo general.

El Efecto Lucifer hace un análisis psicológico sobre cómo las personas, todos, queremos gustar, pertenecer a un grupo, no sentirnos marginados. El precio a pagar por ello en muchas ocasiones supone renunciar a la propia opinión, al sentido de la justicia, o a los principios en los que creemos. No somos conscientes de la tremenda responsabilidad que conlleva volvernos amorales para no ser rechazados. Todos somos responsables de las situaciones de injusticia que los titulares de los periódicos denuncian. No “mojarse” hoy significa injusticias aceptadas mañana.

Zimbardo destaca cómo los males del mundo son responsabilidad de todos. Clasifica el efecto Lucifer en tres niveles: individual, institucional y sistémico. Como remedio, o antídoto a este problema humano, el psicólogo propone una llamada al heroísmo.

¿De qué depende que pasemos, o no, ese umbral?. De nuestra conciencia crítica: Es nuestro deber cuestionar nuestro comportamiento antes de ejecutar las órdenes y ser conscientes de cómo el poder puede manipular nuestras creencias y nuestra conducta en un contexto adecuado. Pero no sólo influye la obediencia.

Y aunque en menor medida también hay “héroes”, todavía no tenemos la respuesta de qué mecanismo especulativo crea héroes o villanos en idénticas condiciones. Nuestra conducta es modelada por la influencia cultural, la situación y las circunstancias.

Sin embargo, algunos seres humanos no se dejan arrastrar por la fuerza de la situación. ¿Son éstos seres humanos los héroes?. O en palabras de Zimbardo: El poder del “uno”, de cada uno, tiene el poder de transformar el entorno.

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