¿Cómo se hace un héroe? (I)

Ayax

“Hay un límite en el que la tolerancia deja de ser una virtud.” E. BURKE

En los últimos 35 años, Zimbardo y sus colegas han estado investigando las raíces y las propiedades del heroísmo, estudiando casos ejemplares del heroísmo y entrevistando a miles de personas sobre sus decisiones de actuar (o no actuar) heroicamente. Del estudio de la psicología del mal, incluyendo tanto el trabajo del “Stanford Prison Experiment” en California, como el de la prisión de Abu Grahib en Iraq, o en la Alemania nazi,  se deduce que gente que consideramos normal, puede volverse monstruosa cuando prueba la sensación de poder que da el anonimato y un contexto deshumanizante.

Una conclusión de esos estudios es que pocas personas hacen el mal, pero aún menos actúan heroicamente. Entre estos dos extremos existe una enorme curva de campana  –una población que no hace nada, que rehusa la llamada a la acción-  y, al no hacer nada, implícitamente apoyan a los que hacen el mal.

En esta curva de campana, los villanos y los héroes son las excepciones, Zimbardo cree que lo que necesitamos descubrir es cómo inspirar el deber y el servicio para prevenir que, los de esa gran mayoría, sean seducidos por el lado oscuro del mal.

Zimbardo también concluye de sus estudios, que los males del mundo son responsabilidad de todos y clasifica los efectos en tres niveles: individual, institucional y sistémico.

Dice que es nuestro deber cuestionar nuestro comportamiento antes de ejecutar las órdenes y ser conscientes de cómo el poder puede manipular nuestras creencias y nuestra conducta en un contexto adecuado, aunque no sólo influye la obediencia. Según esta teoría, el héroe sería el desobediente, el capaz de oponerse al flujo general, para no renunciar a los principios en los que cree, a la propia opinión, o al sentido de la justicia.

Su planteamiento es que el fortalecimiento de la imaginación heroica puede ayudar a hacer que la gente sea más consciente de las pruebas éticas implícitas en situaciones complejas y, al mismo tiempo, ello permite que el individuo tenga ya considerado el costo de su acción heroica. Verse uno mismo capaz de la resolución necesaria para el heroísmo puede ser el primer paso hacia un resultado heroico. En esta línea, Zimbardo se pregunta, ¿cómo fomentar la imaginación heroica?.

Hay algunos pensadores y políticos que nos han ido dejando sus pensamientos al respecto en frases como:

Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.” E. BURKE (s. XVIII)

No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos.”  M. GANDHI (s. XX)

Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.” M.L. KING (s. XX)

Figuras heroicas pueden encontrarse en todas las culturas, reales o míticas. En la mitología antigua y en la épica, un héroe es un semidios (más que un hombre, pero menos que un dios). El héroe siempre es un personaje salvador que trata de salvarse a sí mismo salvando a los demás.

La palabra latina héroe, que a su vez deriva del griego heros, hace referencia a un hombre que es famoso, ilustre y reconocido por sus virtudes o hazañas.

El heroísmo es el método, la regla, la manera de pensar, de sentir y de obrar de los héroes; y la heroicidad es la cualidad (valentía, intrepidez, bravura), la generosidad que inspira y produce los bellos sentimientos por las acciones superiores dignas de admiración y respeto.

El concepto de “héroe” cambia a lo largo del tiempo y de las situaciones:

Rocío Orsi, en su estudio sobre los héroes sofocleos nos muestra que Áyax “…aparece caracterizado como el héroe que, una vez tomada una resolución, la lleva a cabo sin prestar atención a ninguna amenaza, ni ningún consejo que pretenda cambiarla. Ni escucha ni obedece, (son guerreros, les mueve un ansia por obtener gloria, así como una aversión a la vergüenza de no conseguirla).

rocc3ado-orsi-el-saber-del-errorDe ahí que Áyax no tiene la virtud de la valentía como tal, por más que sea viril, sino la pre-virtud de la temeridad y, como tal, la temeridad no es plenamente una virtud porque acusa la falta de prudencia o de conocimiento.

Este correctivo no solo se refiere al poder coercitivo del estado, sino también a la educación, gracias a la cual las disposiciones del carácter se enderezan para constituirse en virtudes y orientarse al bien.

Por eso, un héroe como Áyax constituye una amenaza tanto para el ágora (quien no escucha no puede hacer política) como para el ejército (quien no obedece no puede ser un buen soldado).

Concluye Orsi que …la reflexión de Sófocles sobre los valores y, en concreto, sobre la virtud de la valentía, anticipa de alguna forma, el intento de Platón y Aristóteles por oponer la audacia o temeridad a la virtud de la valentía. Lo que Sófocles lleva a escena es el problema acuciante en el siglo V (aC) de conciliar la moral aristocrática con la realidad política democrática, la necesidad cotidiana de preservar la igualdad entre los ciudadanos y de tributar honras y honores a los mejores.”

Gradualmente, a medida que hemos avanzado hacia el combate mecanizado, especialmente durante y después de la II Guerra Mundial, los ideales originales del heroísmo militar se han ido haciendo más remotos.

Incluso, y paradójicamente, los rasgos asociados con el heroísmo pueden ser un síntoma de psicopatología o mal ajuste, surgiendo de una fantasía de rescate como factor motivador, o de características de narcisismo.

A lo largo del s. XX podemos ver la disminución sutil de la aplicación de la palabra “héroe”. Obtener este título era una posibilidad remota, estaba reservado sólo para unos pocos selectos que, por habilidades especiales, o por la suerte, hacían grandes cosas con gran riesgo personal.

En la sociedad actual, los héroes pueden representar otros valores: el responsable de un éxito deportivo o el artista admirado .También hay personas que se erigen como héroes al superar distintos tipos de adversidades.

Continuará

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